No se por qué National Geographic no hace un documental sobre este fenómeno.
Lo que se lía los primeros días en las rebajas refleja perfectamente la lucha por la vida. Cambiamos el clásico antílope por unas botas de tachuelas del Zara y la gente saliva más que los leones de Ángel Cristo.
La única diferencia es que el antílope ( ya harto de repetir la misma escenita 20 veces para Odisea) puede huír. Las botas no. Saben que su resistencia será inútil. Seguramente saldrán heridas de la contienda, perderán la tapa del tacón, la cremallera y eso sin contar que no se queden sin su compañera. Los zapatos de rebajas son las únicas parejas que no se divorcian al volver de vacaciones, lo hacen antes.

El otro día, una chica inocente, muy educada y tranquila, o sea yo, se vio envuelta en una reyerta que ni una panda de canis cuando ven una sortija en el suelo.
Apartadas en una esquina y poniéndome ojitos estaban las desdichadas botas sin saber lo que les esperaba (esto me recuerda al cuento de las ostras de Alicia) Según me acercaba sin peligro aparente, salió una cobaya, perdón una mujer con incisivos graciosos, de entre las perchas. Sin mirar siquiera el número de pie, se sentó a probárselas. Ahí vi la otra semejanza que tenía con las cobayas.
Mientras, otra chica y yo acechábamos cerca por si las soltaba. Las botas estaban unidas por un hilo de plástico, perfecto para dejar un agujero irreparable en el ante, pero endeble. Pues se tiró más de 5 minutos para ponérselas porque el plastiquito no le dejaba hacer maniobras. Recuerdo que eran unas botas anchas no un trailer. Estuve a punto de decirle que usara los dientes, que para eso los tenía, pero mejor no que luego me daría mucho asco.
Por fin terminó y le quedaban pequeñas, o eso parecía porque llevaba los dedos agarrotados como las águilas, la puntera parecía los Siete Picos del parque de atracciones. Así que la otra chica se acercó para preguntarle el número. Era un 38. Pero la cobaya que nos hizo saber que usaba un 40, nos dijo que "le apretaban un poquillo, pero que como veía tanto interés por ellas, es que debían de ser buenas, así que se las llevaba". Entonces la otra chica le comentó que justo eran de su número y que si se las dejaba. Creo que no le hizo caso, porque lo único que oí fue un berrido cobayil y después insultos varios entre las dos depredadoras.
Pero lo mejor estaba por llegar.
Llegó una dependienta pidiendo que se relajaran. Estaba mirando todo el mundo, hasta al segurata se le iluminaban los ojos, esperando saciar su sed de acción. Esto les pasa a muchos de seguridad de las tiendas. Se creen los Chuk Norris de Inditex & family, aunque en realidad se parezcan más a unos ponys gordos de la verbena.
La dependienta paciente, después de enterarse de la historia corrió al almacén a buscar otras botas. Y dejó el par de botas otra vez en el estante. Pues justo en el momento en que volvía con las manos vacías ocurrió algo inesperado. Dos bólidos con sonajeros arrasaron el círculo que se había montado. La familia Telerín en versión mora había llegado. Mientras dejaban una nube de polvo para despistar, se llevaron las botas y 20 cosas más de alrededor, ARRASANDO, con todo el morro. Que las botas eran lo de menos, el problema es que pisaron a la gente utilizando a los niños como arietes. Y no les digas nada que hasta te escupen como las llamas. Otros dos carritos les esperaban en la retaguardia, haciendo que ni nos pudiéramos mover.

Sobreviví, pero estoy harta de los que van con cochecitos a las tiendas de esa forma. O sea, una cosa es que vaya una madre con el niño a mirarse ropa como todo el mundo y otra es que vengan con todo el clan y amigas con sus respectivos clanes a la tienda (ríete tú del Oso cavernario), más cuando hay tanta gente. Que parece que estoy en los karts en vez de en una tienda de ropa ( algo prescindible, no es el mercado).
Desahogo por Gato.








La ley de la Jungla, jajajaa
Comment by Divina — July 5, 2009 @ 2:14 pm
Qué bueno, gato, y además qué necesario!!
Yo también he alucinado con la manera en qué la gente usa a sus hijos en las rebajas, de plaqueadores, de bloqueadores, y lo último, de acaparadores de cutre-gangas….: Resulta que en zara, en los primeros días de rebajas, limitan el número de prendas a pasar en probadores, y sólo se pueden pasar cuatro. Y claro, las señoras obsesionados por arramplar con esas prendas que en cambio no les interesaban cuando costaban tres euros más, se desesperan…. Y ya me ha pasado dos veces lo de ver a una niña o a un niño pequeños (no más de diez años) aguantando una montaña de ropa y de perchas en la puerta de los probadores, y acudir al grito de su madre, para ir pasándoselas de cuatro en cuatro al probador… Muy triste, ¿es que nadie piensa en los niños?
Comment by Mathilda — July 5, 2009 @ 2:30 pm
q fuerte jejejeje, yo porque no tengo niño, sino, seguramente, haria lo mismo jajaja
Por cierto, afortunadamente yo consegui las botas tachueleras, eso si, antes d la locura de las rebajas
Comment by MaSqUeMaLa — July 26, 2009 @ 3:47 pm