Estaba yo meditando acerca de cuál sería la canción de Mika que más daño auditivo produce, a la vez que navegaba por la red, cuando de repente vi algo que rompió todos mis esquemas. Algo muy gordo, peor que todos los discos de Emilio Aragón juntos. Mucho peor que los especiales de Nochebuena con Raphael. Más desconcertante que Ortega Cano en “Mira quién baila”.
De repente: “Cermesa, cermesa, quiero memer cermeeeesaaaaa”. El pavor. Una vocecilla extremadamente aguda y chillona se me introdujo en los oídos y hasta ahora no he logrado sacarla de ahí. No sé si será debido a esos grititos capaces de originar sordera psicológica (esa que provoca tu cerebro cuando no quiere escuchar algo que le causa sufrimiento), o al trauma causado a raíz de ver a niñas de unos 8 años pidiendo cerveza a la vez que el productor mete la imagen de un pobre borracho durmiéndose al sol, que mucho me temo que no tiene pinta de actor, y cuyo estado de embriaguez ha servido para ilustrar los efectos del zumo de cebada, muy probablemente sin su consentimiento. Mejor que lo vean ustedes:
Lo primero que oímos es una alegre musiquilla andina acompañada de la estridente voz de un escandaloso ¿presentador? Que comienza a hacer dedicatorias y presentaciones como un loco. En las imágenes salen unos floridos campos y unos músicos vestidos de azul, que acompañan a “la voz de la pequeña Weeeendyyyy”. Y entonces aparece esta chiquilla de tez morena y extraño atuendo. El traje tiene un enorme impacto visual sobre ese entorno tan campestre, es como si se hubiera hecho un traje de cosplay con los restos del vestido de la fallera mayor del año pasado. Para más inri, le han plantado su propia foto en la falda del vestido, muy kitsch todo. Y así, sin más dilación, se pone a confesar su alcoholismo, porque “ya bastante sudó en la mina”, osea que encima, explotación infantil.
El resto del video es una sucesión de imágenes que aparecen y desaparecen sin orden ni concierto, donde la estampa rural del indígena con su ganado se mezcla con el bar de mala muerte donde un grupo de solterones baila (o algo similar) mientras se ponen de cerveza hasta las tetas, y entre medias también aparecen niños en pijama bailando con Wendy. Entonces no sé si interpretar que quiere la cerveza porque está triste, o porque se siente con ganas de ir de fiesta. A lo mejor es que quiere transformar sus lágrimas en sonrisas poniéndose ciega del zumo de la cebada, lo cual me sigue pareciendo una aberración tratándose de tan tierna niña.
Sea como fuere, no os perdáis las intervenciones del locutor, porque no tienen desperdicio.
Sin embargo, esto es sólo un aperitivo, porque el plato fuerte es este horror:
http://www.youtube.com/watch?v=cbVWSRNpmzo&feature=related
No sé por dónde empezar, si por los peluches bailarines o por las empalagosas dedicatorias de la pequeña Wendy, que no sé si será por lo cursi o porque tiene un problema de dicción, pero también confunde las consonantes en este vídeo.
El caso es que este vídeo es apoteósico. De repente, los bailes alocados de un pequeño hombrecillo absorben toda tu atención, pero no, la descerebrada letra de la canción termina por colapsarte totalmente: “De ndía, de nnocheeeeee…. Quisiera tomarrr mi tetitaaaaa”…. Y entonces aparecen imágenes de señoras y de diversos animales del campo, todos con un denominador común, que les están dando de mamar a sus crías. Pedofilia, incesto, e inclusive zoofilia, que si lo mezclamos al alcoholismo de la “cermeza” junto con la explotación infantil que sufre la criatura en la mina, nos da un cuadro psicológico realmente preocupante. Y encima niños en pijama. Es el infierno. Para que luego digan que la publicidad de D&G es heavy.
“Cada vez que la veo a mi mamita, me está provocando con su tetita”. Esto debería analizarlo el defensor del menor del Perú (aunque dudo que allí tengan de eso) porque esta chiquilla es muy mayor para tomar tetita y muy pequeña para beber cerveza. Los odiosos grititos de la niña no logran enmascarar una realidad tan turbia. “Qué rico es mi tetita”. Es el sueño de todo pederasta, por el amor de Dios. Y encima, el locutor tiene la hipocresía de hacer un llamamiento a “los hombres de dieciocho para arriba”, sí hombre, encima arréglalo poniendo imágenes de unos mozos persiguiendo a una joven, acoso sexual. “¡Gracias por estar en este primer concierto musical!” De nada hombre, ya nos has traumatizado para unos meses como mínimo…
Pero sería muy injusto arremeter contra esta criatura que ni siquiera sabrá lo que está diciendo. Lo realmente fuerte, es que estas letras se las escribe su madre, incluyendo una canción sobre la muerte del padre de la muchacha en el cual el locutor dice felizmente: “No llores Wendy […]¡¡¡ así es la vida!!!” Es que sólo le falta decir: “¡Venga mujer, el muerto al hoyo y el vivo al bollo!”. Y se intercalan imágenes de personas llorando en un velatorio con otras de la niña yendo al cementerio con su madre, al son de una alegre música (¿esta gente no sabe hacer nada serio?). Total, una oda al mal gusto.
http://www.youtube.com/watch?v=y4krDG6rzVw&feature=related

Es alucinante como con la misma música te componen un himno al alcoholismo y un llanto al padre fallecido.
En fin, únicamente añadir que voto por practicarle el garrote vil a la descerebrada viciosa de la madre de Wendy, cuya extrema pobreza no justifica que esté utilizando a la cría de semejante modo y sobre todo, haciendo tal ridículo. A la pobre Wendy, que el Gobierno del Perú le pague por Dios una operación estética para cambiar de imagen y de identidad, porque mucho me temo que después de esto le espera un futuro muy negro.
Se despide
Blancanieves.









