Hace una semana que terminó la Madrid Fashion Week y aún no me he recuperado de la alegría que me entró al enterarme que por fin dejaría de ver bichos raros en el metro.

No me refiero a gente rara de esa que te alegra el madrugón al ver sus pintas, sino bichos, por su tremendo parecido a mis queridos insectos palo (phasmidas) que con las mismas torneadas piernas a lo "perchero de tienda", se dedican a pasear por el andén para que la gente se entere que no va al trabajo o a la universidad como cualquier mortal, sino al mayor evento fashion de la ciudad.

Ell@s van de entendidos en moda, atrevidos (para qué ponerse zapatos si puedo ir en pantuflas bordadas por la calle) y con la ropa más estilosa y favorecedora ( niña pa´ qué te pones esos leggins si la cinta de carrocero te haría la misma función)

Luego están los típicos, que por haberse hecho con una entrada (ni que hubieran pasado la noche haciendo cola en la Fnac) aprovechan para ponerse su mejor modelito, sin tener en cuenta que alguien puede verles. Se "visten" después de actualizar su blog dando la noticia, claro está.

¿Qué he hecho yo para merecerme ver a uno con estas pintas a las 9 de la mañana? ¿Qué?

Es que no te ha dado tiempo ni a quitarte las legañas cuando ya se te ha colocado un espécimen de éstos al lado. Como si no hubiera suficiente con el ambiente cargado a Brumel…

Las siguientes fotos solo son ejemplos que se acercan (de lejos) a lo que yo vi.

Gracias al blog de chictoochic encontramos a uno de los querubines de Raffaello. Suponemos que el otro que falta murió al equivocarse de bolsillo donde meter el móvil:

La Piconeraa, madre y el piconerooo, va a la sierra cantando con el lucero, con el lucero…

El instalador del ADSL en su hora libre.

 

Pepe Långstrump y su mirada: "ayy no, así no que me despeino"

Gato.