Queridas lectoras, las de las sombras y las de la luz. Lo siento mucho pero la entrada de hoy va a ser bastante desagradable. Si os consideráis unas personas con un mínimo de sensibilidad, desde ya os advierto de la dureza de los siguientes documentos. Yo los he visto ya unas cuantas veces, pero eso es porque soy una depravada y me encanta la miseria humana, cuanto más risible mejor.
El relato de todo esto comienza con esta maripánfila de flor en cabeza y 50 botes de espuma fructis en sus rizos.
Mientras yo me encontraba plácidamente recostada en el sofá de mi casa , encendí el televisor, así como de sonido de fondo, para no sentirme sola en la oscuridad de la noche. Cual fue mi sorpresa que empecé a escuchar una serie de alaridos y berridos dignos de quinceañeras borrachas locas por captar la atención de los viandantes masculinos. Era ella, la zorra de Esther y una tipa llamada Tania, a la que parecía gustarle cantar con el horto tal y como hacía Esther.
Imaginad, queridas todas, a vuestra mejor amiga con cinco Caciquecolas encima, una pajita en el pelo y el escote por el ombligo, música de Shakira, 5 de la mañana, una discoteca de pulpos y guarras. Este es el sonido de fondo.
Pido disculpas por el horrible momento que os acabo de hacer pasar, pero os ayudará a ser fuertes.
Días más tarde, la niña, después de ser humillada de una manera totalmente razonable por Evaristo Mejide, debió pensar … bueno, parece ser que no lo hizo. Qué se le va a hacer, si es incapaz de pensar pues mucho menos de cantar bien. Así que ahora la historia se repite, pero esta vez pongamos 3 beefeterlimón, el guaperillas hortera de tu clase y por el cual tu amiga humedece y un karaoke de barrio. Este es el resultado:
Esto me lleva a pensar ¿qué hiciste Esther para entrar en Operación Truño?
En el fondo, ¿No éramos más felices así?








