Los sonaos que ponen música del móvil en el metro se reproducen
Me veía en la obligación de avisaros de un nuevo comportamiento que se está viendo por Madrid y temo que se expanda rápidamente: Las hippijas también ponen música del móvil en el metro.
Cuando me percaté de esta moda emergente tan aterradora se me pusieron los flecos del bolso boho como escarpias.
Ya hace años que sufrimos de la tendencia a llamar la atención de los jovencitos que nos ponen música en los vagones del metro con su móvil cual zapatófono. ¿Será para celebrar que por fin han reunido los puntos suficientes para cambiarse a un modelo más moderno o es que se cayeron del tacatá de pequeños?
Los primeros en pinchar, preferiblemente reggaeton, en el metro fueron los adolescentes sudamericanos ( Ya a sus países en concreto no llego. Podemos quitar a los argentinos directamente ya que a ellos no les hace falta un móvil para darte la brasa. Fans de Mika, no os olvidamos)

Pues bien, el problema no quedó ahí, porque el Dale, dale don daleeee, deme ya las llaves que se me cayeron los pantalones porque somos anormales…. cuando lo escuchas dos veces ya entras en una fase en la que te deja de doler y ves como los asientos del vagón se convierten en alegres caramelos, hasta que te ves chupando la barra de donde vas agarrada y paras. Pero nuestros avispados canis autóctonos no tardaron en imitarlos (gracias a Dios en lo de los calzoncillos no) y es que cuando un cani se propone algo, lo consigue. Si no mirad la de joyerías que viven gracias a vender medallitas de Camarón o sellos de oro macizo perfectos para fondear un barco.
Solo cambiaron a mejor? el modus operandi. Dejaron los ritmos latinos, aunque yo prefiero llamarlos “ritmos de apareamiento para sordos” y pasaron a pinchar gitaneos varios, acompañados por un palmotear muy profesional. Para ellos claro, que yo los he visto mejores en las focas del Faunia.
El que no ha visto un coro de estos especímenes, extasiados en el suelo guarro de un vagón, no puede morir tranquilo. Es fascinante ver cómo alcanzan el Nirvana con una canción de La Húngara al ritmo de palmas y el tintineo de sus aros retorcidos de oro.

Pues bien, ahora la nueva tribu conocida como hippijas o “pijas con alma de chonis” se han propuesto jugarse la vida y hacerles competencia con música dance. Los típicos temas dance de Máxima fm, tampoco os creais que diferencian el Trance de un remix de Rihanna.
Descripción: grupo de 5-6 chicas, muy monas ellas, tipo “Bratz pija que coge el coche de papi y lo estrella contra el Starbucks más cercano”. Van todas con el mismo tinte rubio con mechas californianas y el detalle más importante, sus melenas deben tener la misma longitud. Como una se corte las puntas, la echan del grupito y no quedan con ella salvo que se ponga extensiones. Llevan raya al medio, foulard, Casio dorado y media docena de decenarios.
Vamos, las mismas que eran flanes del Canto del loco y ahora avergonzadas han cambiado a un rollo más soportable.
Aprovecho para manifestar mi profundo malestar por la separación del Canto del loco y decir que tardaré mucho es superarlo.
Ya que en principio es sólo temporal y no se puede jugar así conmigo, que una se hace ilusiones y…
Pero hay algo positivo en esta nueva tribu incordiante. Ellas no dan palmas ni berridos, se limitan a atusarse el pelo y a retocarse el maquillaje con barras de Mac y polvos tipo Nesquik.
Una casi hace que se me derritan los empastes cuando cogió el lápiz a su amiga y con el metro a toda velocidad (que no es el Ave pero algunos son conducidos por los sucesores del Vaquilla y ya es difícil llegar a tu estación con la faja en su sitio) casi se clava el lápiz en el lagrimal y me llena de kohl y sangre hasta los botines.
Cuando lo supere, seguiré informando.
Gato.
































